Desahogo: Los pendejos no podemos con el abuso y el robo de las empresas eléctricas en RD
septiembre 22nd, 2011 Revista Informativa
Severo Rivera
Santo Domingo. 23 de septiembre.
Es mucho lo que se ha teorizado el proceso de capitalización de las empresas eléctricas bajo el triste argumento de que serían la panacea para sacar al país del atraso en lo relativo al suministro eléctrico. Al final, los grandes beneficiarios, como es costumbre, fueron los agentes involucrados en el sector y reconocidos personajes a los que ese proceso le dejó grandes fortunas. Sería una mezquindad que se han producido notables avances, pero es mucho lo que falta por hacer en el sector, sobre todo en lo relativo al servicio y al alto costo que representa para los usuarios que pagamos el servicio.
Los años han pasado y no se ha resuelto nada. La población sigue siendo castigada por un servicio ineficiente y a su vez nos convierte en uno de los países cuyos habitantes paga el servicio más caro.
El pueblo que paga la “luz” lleva una gran cruz, pues tanto en Edesur, como en Protecom y en la Superintendencia de Electricidad se ve al usuario como un ladrón. Y con esa presunción, es poco lo que un cliente puede lograr cuando inicia un proceso de reclamación.
Hoy tengo a bien relatarle mi experiencia con Edesur, Protecom y la Superintendencia de Electricidad.
De pagar una facturación por consumo de RD$3,733.57 en el mes de mayo de este año, mi “consumo” según Edesur se disparó a RD$10,012.93 en el mes de Junio y posteriormente, al mes siguiente, Julio bajó a RD$9,224.36. Luego, la factura correspondiente al mes de agosto llegó de RD$8,724.86.
Inmediatamente, el 22 de junio visitamos las oficinas de Edesur ubicadas en el sector de Naco. Allí se hizo una reclamación. Se levantó el acta y tiempo después vino una brigada a inspeccionar, la cual encontró que todo estaba en “orden”. Volvimos a Edesur a indagar el estatus de nuestra reclamación y allí se nos informó que ese era el consumo que tenía que pagar. No valieron los antecedentes de facturas pagadas, ni que sus técnicos no encontraron una fábrica en mi apartamento.
Visto el hecho, la joven nos entregó la copia de la resolución y nos comentó que sino estábamos conforme que acudiéramos a Protecom. En efecto, así lo hicimos. Ahí comenzó un nuevo capítulo de lo que llamo la estafa de Edesur a los consumidores. Con el mismo número de mi reclamación, RE 1120201110391 se abrió un expediente. Con la copia en las manos, salgo del lujoso edificio que aloja a Protecom y a la Superintendencia, lo hice con el convencimiento de que ganaría la batalla, de que allí, como se ha dicho a los cuatro vientos, los consumidores tienen un doliente.
Un equipo de técnicos vino de nuevo a mi hogar. Hicieron una medición, revisaron las cargas que generan el consumo: Bombillos de bajo consumo, bombillas de led. Un aire acondicionado Inverter, cuyo consumo es de 5 amperes y en luego que se climatiza baja a 1 ampere. Una secadora de gas, cuatro televisores de bajo consumo. Un equipo de música, un calentador de a gas, una impresora y tres cajas de televisión por cable.
El personal de la Superintendencia hizo su trabajo. Dos de ellos me dijeron que era un abuso facturarme esos consumos, pues según el preliminar y por su experiencia, debería pagar entre 4 y mil pesos. Jamás esa suma. “Pero eso es una asunto que ellos le dirán. Usted sabe como son las cosas, pero es un abuso”, me reiteró el técnico.
La espera, la decepción
No tuve contestación. Hasta que finalmente acudo y se me notifica que mis reclamos no tenían base y que por lo tanto tenía que pagar las facturas en reclamación o en su defecto elevar un recurso jerárquico ante la Superintendencia de Electricidad.
Salí de ahí con gran decepción. Procedí a elevar el recurso el 21-07-11. Este proceso establece que hay que comenzar de cero con la evaluación del inmueble y del medidor, así como el área donde está instalado.
Se hizo la investigación, esta vez vino un equipo mixto que incluyó un personal de Protecom y la Superintendencia. De nuevo, un empleado se me acerca (no la misma persona que lo había hecho) y me dice que no debería estar pagando entre cuatro mil pesos y cinco mil. Que no se corresponde, pero que eso era un comentario marginal que me estaba haciendo.
Semanas pasaron y logro establecer comunicación con el doctor Diógenes Rodríguez Grullón, miembro del Consejo Administrativo de la Superintendencia y encargado de la Oficina de Protección al Consumidor (Protecom) a fin de obtener una respuesta. Me comunicó que indagaría y me daría noticias. Posteriormente, una joven, su asistente, me llamó para informarme que se haría una nueva evaluación, que me darían el fallo lo antes posible.
Los días pasaron y nada concreto
Finalmente establezco comunicación de nuevo con Rodríguez Grullón y me comenta que en efecto, no deberían facturarme 10 mil pesos de consumo, porque el reporte indica un consumo menor. Todo se quedó ahí, en promesas, el fallo nunca llegó.
Hace aproximadamente una semana llamé al doctor Rodríguez y se me informó que estaba fuera del país. Que esperara el resultado, que volviera a llamar.
Como ven, es el pleito del huevo y la piedra. Los derechos de los consumidores se vulneran y nada pasa. Hoy mi facturación está menos de la mitad de las facturas en reclamo, pero el fallo aún no llega. Las esperanzas son escasas, como el pelo queda en la cabeza que se está quedando calva.
A la población que se le debe cobrar lo que consume. En mi caso, no tengo el privilegio de Euclides Guitérrez Félix, que dijo que no pagaría y así lo hizo hasta que Nuria Piera lo puso en evidencia. Yo no soy miembro del Comité Político del PLD. Tampoco me presto a chanchullos, ni busco trato privilegiado. Los que me conocen, me conocen.
La que atravesamos los que pagamos religiosamente el servicio eléctrico hemos sido burlados con la complicidad no solo de los políticos que desarrollaron el proceso de capitalización de las empresas energéticas, sino con un sector privado que lo único que le interesa es su agenda propia.
Pagamos nóminas de empleados que no cumplen con sus funciones y nos convocan a delinquir, a robarnos la “luz” como hace un vecino que se las ingenió para tener dos medidores, los cuales cambia cada noche. Uno digital y otro análogo.
Te vencen por cansancio. Te llaman para “marearte”, decirte que pronto tendrás una contestación a tus reclamos, pero al final nada vale. Los organismos creados por leyes no funcionan, porque están hecho a su medida.
No hay duda, los pendejos no podemos con el robo y el abuso de las empresas eléctricas. La vida seguirá su agitado curso, pero no quería dejar de compartir esta amarga experiencia que acabo de vivir con Edesur, Protecom y la Superintendencia de Electricidad.